
Llevo mucho tiempo aquí, en este desierto de fuego,
vagando por esta tierra yerma y desolada.
Llegué el día que decidí anegar mi cerebro en malvasía,
para hacer lo que me placiera y no tener memoria.
En este desierto de fuego,
lanzando piedras contra las rocas,
apedreando a quien me quiere,
magullando sus almas como si no sintieran.
En este desierto de fuego,
de lava petrificada y ceniza,
confundiendo ocres y rojos, el horizonte y mi sombra,
pisoteando los brotes verdes que tratan de ascender en esta extensión árida.
En este desierto de fuego,
mis ojos una vez claros,
se tornan oscuros de tanto mirar la luz cegadora…
Por no querer ver, por no querer ver, por no querer ver,
el daño que me estaba haciendo.
En este desierto de fuego, en este desierto de fuego, en este desierto de fuego…
En este desierto de fuego,
gritando mi nombre al viento perpetuo,
escuchando solo silencios.
En este desierto de fuego,
al pie de los hervideros,
rocas quebradas de espanto y ruina,
furia desatada del mar impactando en ellas,
imaginando cuándo hace milenios desde este mismo lugar,
el vapor de azufre ascendía a los cielos,
llevando consigo en ellas mis propios engaños, mi egoísmo, mis mentiras…
En este desierto de fuego, en el que se ha convertido mi vida,
a veces recuerdo a alguien que conocí hace muchos años,
que creyó en mí, que comprendió mi forma de ser,
que me dio su amor a pesar de mis defectos.
De su voz, de sus palabras, de sus frases, de sus hechos,
de sus caricias a mí alma me acuerdo.
En este desierto de fuego, en este desierto de fuego, en este desierto de fuego…