Cattleya

cattleya versión pdf

 

 

Esta es la historia de un mago que cierto día volviendo de un viaje a un plano inferior habiéndose enfrentado a criaturas infectadas de odio y maldad, habiendo encerrado con cadenas en el pozo cegador de luz a criaturas malignas llenas de oscuridad, decidió reposar en otro plano, en un lugar concreto llamado Alakash que en nuestro idioma se traduciría “paz”.

Alakash es un valle al que sólo se puede acceder a través de un sendero de un bosque muy profundo, el sendero tiene muchas bifurcaciones que dan a ningún parte. Tomando el camino correcto cosa que no es fácil accedes al lugar.

El valle estaba orientado de tal forma que la luz del sol cubría el espacio entre los montes durante bastantes horas del día, tenía además un río que lo surcaba hasta llegar a una hendidura en la roca donde el agua se adentraba en la tierra siguiendo su curso subterráneo hasta el mar. Al lado de ambas orillas del río numerosos y variados árboles y alguna que otra pradera conferían al lugar una profunda sensación de calma y bienestar.

Cuando llegó al lugar, algo imprevisto lo sorprendió. El lugar había cambiado, todo se había tornado sombrío, plomizo, las hojas de los arboles estaban marchitadas, el sol se había teñido del color de la sangre, los prados amarillentos y el agua bajaba turbia.

No entendiendo que extraño fenómeno estaba ocurriendo decidió investigar.

Andando por la orilla del río encontró a una joven que se hallaba sentada en una piedra mirando una cascada donde caía el agua, se notaba en su rostro que había estado llorando.

¿Cómo has llegado hasta aquí? Preguntó.

– no lo recuerdo, algo ha pasado en mi memoria que no logro acordarme de mi familia o de mi lugar de origen donde me crié –

¿cuánto tiempo llevas aquí?

– tampoco sabría precisarlo –

¿Y cómo te encuentras?

– inquieta, con una sensación extraña que no logro identificar-

¿Qué te parece este lugar?

– ¿tú conoces este lugar? Si es así sabrás que está lleno de encanto y dulzura, un lugar muy bello, en el cual me encuentro a gusto, pero es como si yo no mereciera estar aquí, como si este lugar nunca pudiera ser mi hogar y cuando tengo esa sensación, siento una tristeza tan grande que empiezo a llorar, entonces todo se vuelve sombrío tornándose en lo que en estos momentos es. –

Empezó a hablar con ella, a tratar de animarla, y poco a poco a medida que se fue relajando y alguna sonrisa asomo a su rostro el lugar volvió otra vez a ser lo que era.

– ella, comentó que solía suceder que cuando se relajaba el lugar volvía a su estado inicial –

El mago que había visto cosas muy extrañas a lo largo de sus muchos años de vida sintió un escalofrío porque se dio cuenta de que aquella mujer era una persona excepcional, aunque no era de los de su clase, una maga, tenía otro tipo de magia que pocos humanos tienen, un tipo de poder difícil de controlar y canalizar.

– quisiera ayudarte ¿cómo te llamas? –
– Cattleya –
– Cattleya voy a ayudarte, ¿sabes que soy verdad? ~
– un mago –
– ¿te habías topado alguna vez con alguno? –
– no, pero sé que lo eres, porque llevo un rato mirándote a los ojos y en ellos pareces muy viejo y cansado más tu rostro parece tan joven como yo, y pasado un rato descubro que sucede al revés, tus ojos son jóvenes, apasionados y ardientes pero tu rostro se torna ajado como si tuvieras mucha edad. Sólo un mago puede tener esa dualidad. –
~ Escúchame Cattleya, para ayudarte tengo que averiguar sobre ti. Verás los magos nos movemos por distintos planos, mundos paralelos, existen de hecho infinidad de ellos.
– Las almas de vosotros los seres humanos, vuestra esencia vital, esta separada en varios de esos mundos, y a la vez conectándose entre si. Tengo que viajar a los distintos universos en los que habitas, quiero encontrar las respuestas para ti. –

Sabía varias cosas del carácter del encuentro con aquella mujer. Por ejemplo, que para hallar las respuestas era necesario discernir en que planos y situación se hallaban las otras mitades de su esencia y después conectar con la mujer real.

Por su experiencia sabía que la mujer con la que había hablado, no era la auténtica mujer, tan solo un retazo de su existencia.
Cogió las manos de la joven, la miró a los ojos durante largo tiempo, del color de la miel eran una bella obra de la naturaleza y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no perderse en ellos y grabar en su memoria los senderos que marcaban los rasgos de su iris y poder viajar a través de ellos.
Entonces partió.

En el plano del vacío.

En el plano del vacío todo cuanto existe está condicionado a su no existencia.
Lo que puedes ver no lo puedes tocar, lo que puedes tocar no puedes verlo, tus oídos sólo pueden escuchar silencio y en ese silencio acabas escuchando tus pensamientos.
Existe una sensación de ingravidez absoluta y cuando giras tu cuerpo 360° o avanzas, las líneas del horizonte desaparecen. Tus pies no tocan el suelo y el cielo es una cúpula sin estrellas que se expande al infinito.
Todo esto resulta en una sensación de estar cayendo, aunque no te muevas, un nudo en el estómago que presiona en tu pecho y hace que te falte la respiración.

En este plano de los muchos que existe nadie cohabita en el salvo tú.
Así que para aquellos que son atrapados en su esfera sólo existen dos palabras que parten el alma: incomprensión y soledad.
Cuando conectó con la mujer a través de su iris, al llegar al plano del vacío pudo verla pero no podía interactuar con ella.
Observó al recorrer las sendas de sus ojos que Cattleya tenía un don.

Podía llamar a las mariposas por su nombre, conocía el nombre de cada una de ellas brotando desde su propio subconsciente, entonces estas se acercaban para hablar con ella.
En el momento que la vio, acercaba su mano a una mariposa que estaba parada en una flor para que se posara en la yema de su dedo.
Pronuncio su nombre… Liana… Pero la mariposa con alas doradas y pintas rojas y negras no respondió a su llamada.
Cattleya capto que algo fallaba. Al volver a pronunciar el nombre noto que no emitía sonido alguno. Se esforzó aún más, llegó a gritar desesperada, acercó tanto el dedo a la mariposa que esta salió asustada huyendo.
Intento seguirla, sus pasos eran pesados como si se hundiera en el barro, después… después la nada. La mariposa al alejarse se hizo cada vez más y más grande estallando en la negrura de la noche como fuegos artificiales, estelas doradas cayendo en un cielo sin estrellas.
Con la fuerza de su mente, con todo el poder de su espíritu consiguió que las miles de estelas que se deslizaban por el firmamento se convirtieran en mariposas.

Las mariposas en libre caída por su instinto natural aprendieron a volar.

Ella lo había logrado desde la fuerza que existía en todo su ser. Las mariposas retomaron el vuelo expandiéndose en la noche fulgurantes pero ninguna voló hacia donde ella estaba, ni una sola, simplemente se alejaban de allí.
Desolada, se derrumbó en el suelo, y allí tumbada abrazando sus rodillas tomando posición fetal quedo llorando amargamente.
En esos momentos necesitaba ser querida, comprendida, que alguien en ese momento la consolase y abrazase y ella poderle explicar lo que una simple mariposa era para su alma, aunque ni ella misma entendía el porqué.

Pero en el plano del vacío sólo existe Incomprensión y Soledad.

Por el rostro del mago las lágrimas se deslizaban, impactado e impotente, con tanto poder como tenía nada podía hacer por ella ni siquiera abrazarla para consolarla.
Para ayudarla debería activar un resorte desde otro universo.
La dejó allí rota y vencida y se dispuso a averiguar más sobre ella en el siguiente plano.

El plano del recuerdo.

 En el plano del recuerdo las vivencias son tan cegadoras que pierdes la noción del espacio- tiempo, no sabes en qué momento de tu vida vives, no logras precisar si en el presente o en el pasado y el futuro crees que ya lo has vivido.
Los lugares en los que estás se deterioran erosionados por milenios pero crees que nada ha cambiado, atesoras lo bueno y lo malo y tu memoria selectiva se aferra a una cosa o la otra. Al igual que sucede en el plano del vacío vives una secuencia que se repite una y otra vez.
Cattleya se encontraba en un páramo desierto apostada en lo que parecía un campamento. Apenas había vegetación y la tierra reseca emanaba anhelo de agua.
Había una tienda de lona vieja y una fogata, una jarra con agua y un trozo de hogaza en un plato. Cattleya bebió de la jarra, tomo un bocado de pan y se dispuso a andar alejándose de allí. Cuando llevaba andado unos sesenta metros paro en seco.
En su tobillo había atada una cadena que la impedía continuar.
La cadena estaba enganchada en el otro extremo a una argolla hundida en la tierra al lado de la fogata.Ella daba tirones con la pierna pero ya no podía avanzar más.
Cansada de intentarlo, volvió al campamento con espíritu triste y resignado.
Una vez situada al lado de la tienda se sentó en el suelo, junto a un pequeño cofre que tenía una cerradura con una llave puesta. Cogió el cofre, giró la llave y lo abrió sacando unas fotografías. Eran fotos de aquel lugar en otro tiempo.
El paisaje con la misma orografía era totalmente distinto, había agua en todos los lados y la vegetación de un verde desmedido era abundante. Había árboles nubosos con enredaderas y animales exóticos. Ella estaba allí feliz y risueña. Había alegría, amor y pasión en las fotografías.
Cattleya las contemplaba embelesada. Después miraba a su alrededor y una profunda tristeza inundaba su alma.
Aquel lugar ya no era el mismo. El pasado una vez habitado ahora estaba vacío pero guardado en la memoria. Recuerdos, bellos recuerdos.
Tristemente para el mago que quería ayudarla no podía comunicarse con ella y decirle cual era la solución a su situación.
La misma llave que abría el cofre, abría la cerradura de la argolla que la encadenaba.
Entonces podría coger el cofre con sus fotografías, llevarlo consigo y partir de aquel lugar para volver a vivir de verdad, atesorando lo vivido.
Pero en el plano del recuerdo el espacio-tiempo es un bucle que ahonda en la incapacidad del ser humano para buscar una salida y acaba creyendo que cualquier tiempo pasado fue mejor.

En el plano de la tesitura.

Cattleya caminaba por un gran bazar de intrincadas callejuelas estrechas, aroma de especias en el ambiente y puestos de baratijas y telas. El pavimento era de adoquines blancos y negros y en las esquinas de cada intersección había almenaras, torres de mármol, caoba y marfil.
Cattleya estaba buscando una salida.
Los mercaderes se acercaban a ella, no eran mercaderes con caras comunes, sus rostros aunque eran humanos tenían rasgos animales.
Había hombres con aspecto de cuervo, otros de pantera, los había con rostro afable como ovejas, pero todos cogiéndola   de la muñeca la acercaban a sus puestos tratando de venderle algo. Ella no podía dejar de mirar los puestos, había cosas que la atraían otras no, pero el resultado era que siempre acababa comprando algo.
Cattleya buscaba una salida.
Pero al llegar a las intersecciones no se decidía. ¿Izquierda o derecha? ¿de frente o retrocedo?
Muchas veces volvía sobre sus propios pasos. Estaba angustiada, perdida.
Cuando se le acabó el dinero los mercaderes estampaban en sus brazos un sello que era un tatuaje que cobraba vida y la recordaba que estaba en deuda.
Quería decir no, pero no se atrevía.
Izquierda o derecha, buscando una salida.
Llego un punto en el que la presión fue tan grande que quedó bloqueada, incapaz de tomar una decisión en una encrucijada.
Hecho sus manos a su rostro y gritó, gritó desesperada, fue un NO surgido de las entrañas de su ser, tronó en el cielo y los puestos fueron tragados por la tierra, el gran bazar fue engullido a los abismos, las torres se desmoronaron y después de la tempestad vino la calma.
Desolación y silencio, otra vez sola, en medio de una llanura desértica.
Los tatuajes en sus brazos se movían y la recordaban que estaba en deuda.
El mago la había seguido intentando demostrarle con indicios la salida pero ella no los había percibido.
Ahora el mago tenía que tomar su propia decisión.
Si quería ayudarla debía viajar al plano de la realidad aumentada, allí perdería su poder convirtiéndose en un mortal.

En el plano de la realidad aumentada es allí donde todos los seres humanos viven, pero para un mago significa renunciar a su capacidad de transformación, a viajar entre planos, despedirse de su naturaleza mágica. Renunciar a vivir eternamente, convertirse en un mortal.
Significaba arriesgarlo todo quizá por nada.
Pero el mago quería ayudar a Cattleya porque se había enamorado de ella, con un amor puro, alejado de egoísmo, amor de luz venciendo el dolor y las tinieblas.

En el plano de la realidad aumentada

Sentada en un banco de un parque, sosteniendo un cigarro entre sus dedos envuelta en una madrugada de verano Cattleya pierde su mirada de fuera hacia dentro y desde dentro hacia afuera.
Busca una manera de entenderse, de comprender el estado agitado de su alma.
Es en su interior una marejada convulsa de sentimientos, un mar que busca descansar tranquilo.
Tantas preguntas sin respuesta que olvidó porque se las hacía, un anhelo de paz, de comprensión, de afecto, de amor, de esperanza.
Aunque los muchos ojos que la contemplan creen que es feliz y nada le falta porque así se muestra en el fondo de su corazón algo pasa.
Un vacío interior, un anhelo de un sueño roto relacionado con su dones, una necesidad de afecto, una incapacidad para tomar decisiones, para decir “no”, un pasado del que no sabe desprenderse.

A su lado un hombre la acompaña. La escucha atentamente, a veces habla, pero muchas otra calla. La ama profundamente desde el corazón con absoluta convicción de que es una persona maravillosa y muy especial, siente por ella un amor que rompe barreras y quiebra las puertas del egoísmo, una sensación que te hace sentir que quieres ser mejor persona.
A veces intenta encontrar la forma de demostrarle cuanto la quiere pero no alcanza a expresarlo porque su amor por ella fue forjado desde los muchos planos en los que la conoció.
Ella no lo sabe, nadie de este plano puede saberlo sólo aquellos con él don de viajar entre planos, porque el hombre que la escucha,es un mago con ese don.

Quiso amarla entregando su alma y así lo hizo. Por voluntad propia.
La voluntad de un mago que renunció a vivir eternamente, de viajar a tantos universos distintos que el ser humano no puede percibir.

Quiso amarla desde la luz difusa del ocaso y la luz que irradia el esplendor de la mañana, conociendo su corazón y el tejido bajo su piel.

Y queriendo mostrarle ese amor intento hablarle de los muchos planos en los que la había conocido pero sabiendo que no lo creería, decidió mostrarle la realidad como si de un cuento se tratara.

Por eso le hablo de una mujer muy especial que cambiaba por su estado de ánimo el ambiente en la naturaleza, que podía llamar a las mariposas por su nombre, que estaba atada a una cadena y en sus manos un cofre, que caminando por un gran bazar buscaba una salida.
Trató de explicar mediante este gesto porqué se sentía así, como él la comprendía y desde su amor trataba de ayudarla.
Lo hizo transformando su magia en pequeñas acciones en el día a día dedicadas a ella para cuidarla, para que por ella misma, fuera más fuerte y más grande, para que ni siquiera lo necesitara, para que cuando él muera, ella se lleve una experiencia de vida y amor y esperanza, de dulzura, de genio, de valentía, de pasión, de alegría, de forjar su propio destino, de encontrar el equilibrio y vencer viejos fantasmas.
Y esas cosas sólo fueron una pequeña muestra de su amor.

Al hombre que me contó esta historia lo conocí cuando realizaba un viaje en tren.

Y no sé si era un mago, sólo sé que cuando miraba su rostro parecía viejo y cansado pero sus ojos irradiaban juventud, más cuando lo miraba a los ojos sucedía al revés, su rostro parecía joven y sus ojos de un hombre mayor.
Después de contarme su historia el “mago” no me dijo si su amor fue correspondido o si fue así cuanto duro o si todavía duraba, para finalizar me dijo sonriendo con un espíritu calmado una frase sencilla que no se me olvidará:

El amor te hace querer ser mejor persona.

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