El tiempo dormido

Hoy me he acordado de ti, de tu sonrisa pícara, de la alegría que irradiabas llena de vida, la vida que decidiste abandonar un húmedo día de noviembre.

Hoy se han proyectado en mi memoria recuerdos, imágenes, sentimientos y sensaciones, de una madrugada abrazando el nuevo día decorada con luces funestas de sirenas y una bolsa  que en mi negación de la realidad parecía  flotar ingrávida transportando tu cuerpo.

He recordado mi lucha interna vencida ya contra la culpa que nunca tuve de no ir a visitarte el día anterior por estar cansado  con la excusa de dejarte tranquilo.

Hoy he llamado a una puerta blanca, deseando recibir una respuesta, horas de espera sin moverme de allí, preguntas quemándome mis sienes, con la incertidumbre pendulando en mi interior sin saber que decidir.

Por fin pasadas muchas horas abrió.

Por fin pudimos abrazarla, sentir la tibieza de su cuerpo y el sabor de sus lágrimas.

Ella lloraba… solo quería dormir decía, dormir de descansar un intervalo de tiempo, dormir y no pensar, dormir por estar harta, dormir para estar tranquila.

Y en su voz y en su llanto percibíamos que sufría.

Tres verdades rodean a veces nuestra existencia.

La primera, que el alma se desgarra cuando ves a alguien sufrir y no puedes hacer nada por ayudarla, cuando dependen de sí mismas para salir del mal en el que habitan.

La segunda, que si no nos queremos a nosotros mismos, el amor que nos entregan no creemos merecerlo, incluso llegamos a volvernos ciegos y ni siquiera lo vemos.

La tercera, que si pensáramos más en aquellos que verdaderamente nos quieren, aunque sólo fuera por ellos, nos enfrentaríamos a nuestros demonios para vencerlos.

Hoy al llegar a casa he puesto canciones bonitas, me he tumbado en el suelo bajo una tela negra que tengo puesta en el techo y que con letras blancas reza “Recuerda tus sueños”.

Una lágrima se ha deslizado por mi rostro sintiendo un suave cosquilleo, y no ha habido alegría ni tristeza en mi llanto, tan solo alivio.

Hoy me he acordado de ti mi viejo amigo, que hace ya muchos años que duermes en la muerte y allí tumbado me he acordado de ella,  que duerme en vida y quería dormir como decía el poeta un rato, un minuto, un siglo, pero que todo el mundo sepa que no ha muerto.

Has de saber que muchas veces sintiendo experiencias  llenas de magia y belleza  me acuerdo de ti y  pienso “ojalá estuvieras aquí” y cómo no estás las vivo intensamente para mi.

A ella le dedico estás palabras, a mi amiga, con inmenso amor, con alegría vital, deseando su felicidad, recordándola que es más bonita por dentro que por fuera y que por mucho tiempo que pase, aunque nuestras vidas se separen creo y seguiré creyendo en ella.

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