…Sobre la aceptación de lo que nos sucede.

Aceptar un hecho es respetar el curso de la naturaleza de las cosas.

Resignarse es poner cadenas a nuestra propia naturaleza.

A veces no nos resignamos a aceptar un hecho cuando es ya de todo punto inevitable e irreversible y sufrimos mas de lo que deberíamos.

Otras veces aceptamos con resignación los hechos que nos sobrevienen y acabamos siendo esclavos del desistimiento, volviéndonos conformistas, incapaces de emprender nuevas acciones y sometiéndonos a situaciones que podríamos cambiar.

¿Como aceptar lo que no nos gusta, aquello que nos duele, lo que observamos que será inevitable? ¿como aceptar aquello que no queríamos  que sucediera? ¿como aceptar sin caer en la resignación? ¿Como ser equilibristas en la cuerda floja?

Pasar el periodo de duelo.

Resulta imposible permanecer impasible a la naturaleza de los acontecimientos, porque para aceptar la realidad es necesario no sólo enfrentarse a ella, hay que padecerla, que transpire por los poros de tu piel, que estirpes la espina, que vomites lo que lleves dentro.

Llorar hasta quedar los ojos resecos, maldecir, gritar, sufrir, sentir que las olas te golpean y zarandean sin que sepas ubicarte,sin hacer pie en el suelo o salir a la superficie para tomar aire y respirar de nuevo sintiendo que te falta el aire y el corazón late de forma agónica. Significa decir multitud de cosas, aquellas que sientes y las que no, liberar la mente de todo lo que la atormenta. 

Y llega un momento en el que el dolor sigue ahí pero somos capaces de soportarlo.

Ha pasado el periodo de duelo.

Utilizar el paso del tiempo como aliado.

Aguantar el frío y la lluvia, la noche llega y se hace eterna,tu corazón inundado de tristeza, la mente llena de niebla. Y a pesar del hecho inmutable de los ciclos o quizá por ellos, concienciarse de que habrá un mañana, y que verás la luz del día entrando por la ventana. Considerar que ni lo bueno ni lo malo es eterno.

No es un ejercicio fácil el procurar que el tiempo no nos aplaste y moldear nuestra visión de él a favor nuestra. Requiere salir de nuestra introspección, en momentos en los que por haber estado dolidos nos hemos abrazado las rodillas acurrucándonos en posición fetal para protegernos.

Sabes que estás utilizando el tiempo a tu favor cuando conduces tu vida mirando atrás solo de vez en cuando, el retrovisor del recuerdo está para eso, pero no puedes clavar tu vista en él constantemente porque no podrás entonces centrarte en la carretera, mirar de frente, agarrar el volante y decidir cuando llegue el momento la dirección que elegirás tomar.

Aceptarnos a nosotros mismos.

He visto a personas que parecían estar aceptando los rigores de las situaciones que les acontecían, rostros pétreos de pose monárquico en cuadros expuestos en museos con apenas un brillo nacarado en la pupila de sus ojos, tragaron la hiel, asumieron el desencuentro, la pérdida, el desamor, las manos vacías cuando antes estaban llenas de poesía, seres sin esperanza, malhumorados, de verso cínico, de vuelta de todo, despectivos ante la ilusión, retrayéndose de amar para no volver a sufrir, prefiriendo una anestesia a cambio de la posibilidad de sentir. Prefieren no pensar, bloquean su mente, hacen muchas cosas, pero no disfrutan de ninguna. “No  siento y así no sufro, si no sufro no padezco” y entonces cuando creen que están aceptando lo ocurrido olvidan aceptarse a ellos mismos.

Por el contrario quien se acepta asimismo acepta su debilidad, sus miedos, se permite errar, se concede perdón, y desde esa perspectiva tiene el valor de afrontar la pérdida y la ausencia, la toma de decisiones, lo que pudo ser y no fue, lo que fue y se perdió.

Creo humildemente que es imposible aceptar lo que nos ha ocurrido si no nos aceptamos a nosotros mismos. Siempre nos surgirán dudas sobre nuestra forma de actuar o de las decisiones que en su momento tomamos. Si eso ocurre puede que las respuestas a las preguntas que nos surjan serán desacertadas y no podremos afrontar desde una perspectiva adecuada el cambio. Tenemos la tendencia a culparnos excesivamente o a exonerarnos de nuestras responsabilidades.

Aceptarnos es la pértiga que nos permite el equilibrio en la cuerda floja sobre el abismo que suponen los sentimientos encontrados.

Desestimar la resignación, pasar a la acción.

Cuando has pasado el periodo de duelo, cuando interiorizas que el paso del tiempo es tu aliado si lo sabes incorporar a tus filas,cuando te has aceptado a ti mismo, ha llegado el momento de coger las riendas de tu destino y  no resignarse.

Escribiré sobre la resignación más adelante.

Relato: Aceptación

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