Rachel Swan

Rachel Swan camina sola por aceras mojadas de adoquines de piedra, callejones desiertos, senderos de ciudad. Y a cada paso que da, no posa los pies en el suelo, suspendida en el aire, parece flotar etérea, como un cisne negro que abre sus alas rozando con sus patas el agua, antes de levantar el vuelo.

Y si esas aceras fueran el camino que conduce a Oz, las baldosas no serían amarillas, serían blancas y negras, damero de ajedrez donde ella sería alfil o Reina.

Rachel Swan no usa tacones, aunque sabe que la estiliza mucho su figura, más bien, a veces camina descalza y casi siempre con botas. Descalza para conectar con la tierra, para sentir que forma parte de ella. Con botas para dar patadas si es preciso, o salir corriendo y pisar con firmeza.

Rachel Swan pasea sola por la ribera del río y se pierde encantada en la niebla.

Cuentan historias sobre ella, y dicen que a veces, en noches de luna llena, sube a lo alto de una colina para convocar tormentas.

Lo hace Invocando a los dioses con un contrabajo entre  sus piernas al que se encadena. Con los ojos vendados,pulsando con sus dedos las cuerdas en ritmos sincopados, produce sonidos orgánicos.

Entonces su mano izquierda se convierte en hielo y su mano derecha en fuego, en esa conjunción las notas en el aire producen vapor, el vapor impregna el aire, la noche se electriza, el cielo se rasga agrietándose con rayos, el trueno anuncia la tormenta.

Ella es fuego y agua, pasión arrebatadora que hipnotiza y quema, manantial que tu sed calma, humedad en su sexo,  sexualidad y sensualidad llamando a la lluvia.

Ráchel Swan, siente que no pertenece a este mundo, que debería haber nacido en la época victoriana o quizá un mundo mágico entre la ficción y la realidad, mundos distópicos de androides que sueñan con ovejas eléctricas. 

Ella quizá, en otra reencarnación fue bruja, o sacerdotisa o una guerrera japonesa, más ahora solo es una mujer con tanta sensibilidad por la belleza, por la vida, por comprender los porqués, que ha forjado su personalidad desde lo que su entorno señaló como rarezas, cuando en realidad desde niña,  esos matices que la hacen ser ella, son simplemente su esencia. 

Y esa esencia alberga un sinfín de afectos y melodías, dulces, tristes, amargas, alegres… Sentidas.

Rachel Swan sueña con paisajes de espacios infinitos, donde reine el viento y el silencio, paisajes volcánicos, luz tenue de otoño en el ocaso.

El silencio… Refugio donde acude, a veces sin darse cuenta, evasión del subconsciente.

A veces está hablando, y una sombra la envuelve. Sus ojos se convierten en pozos profundos y  misteriosos, enigmas difíciles de resolver, enredaderas en su cerebro.

Y solo puedes permanecer a su lado… en silencio.

Y al salir del trance, si respetas su estado, verás una dulce sonrisa brotar en sus labios y una mirada brillante de amor por la vida que comparte contigo haciéndote cómplice de ese estado.

Y cuándo esa llamada se repite, consciente de atender sus fantasmas, desconecta del mundo, para conectar consigo misma.

Rachel Swan, a veces tiene miedo a sentir demasiado o dejar de sentir. Y en ese contraste se agota de llevar su corazón al límite.

Cuidando a quien quiere, escuchando, mediadora de causas perdidas, y se convierte en el  ligamento de los huesos que han de maniobrar unidos. Teniendo miedo a romperse, y que los demás noten su efecto.

Llevando un sentido muy marcado de la responsabilidad, siente el peso del deber, que la suerte la esquiva y tiene  la entereza de asumirlo.

Y a veces piensa que no merece afecto.

Rachel Swan soporta un vacío en el alma por la ausencia de su padre. Añora su olor, sus abrazos, su mirada, la complicidad que sentían.

Recuerda su infancia siendo su niña, su gitana rubia, recuerda los paseos por el campo cazando ranas, tantos,  tantos recuerdos y sentimientos, que supongo si se escribieran en libros no cabrían en una biblioteca.

Recuerda pasear por la playa de Gijón con todo su ser asolado escuchando la misma canción que a mí me desgarra.

 Y piensa en su padre…Cuántas cosas por decirle, cuantos consejos no recibidos, cuantos abrazos sin posibilidad de darlos.

Más ella, llevándolo en lo profundo de su corazón, atesorando su amor, habla de él,  con una sonrisa deliciosa en sus labios y profunda dulzura. 

Y en los silencios de la noche habla con él y siente que su espíritu la guarda.

Recuerda tus sueños Rachel Swan, alza el vuelo, dibuja la estela en un cielo azul oscuro, casi negro.

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