No es la primera vez, aunque quizá sea una de las más intensas.
Otras veces he estado aquí, contemplando esta llanura inmensa de horizontes infinitos, donde la mirada se pierde, y el gran cielo que me cubre te aplasta en su inmensidad, sintiendo lo efímero, la futilidad, la soledad y el silencio.
Siento fascinación por estos paisajes desolados aunque me producen angustia y presión en el pecho.
Hoy, aquí, ahora, esa sensación de angustia se acentúa.
Te echo de menos.
Recuerdo cómo viniste a mi vida.
Te contemplé de espaldas mirando al mar, contemplando el infinito.
Tu cuerpo menudo, tu larga melena.
Comprendí que sentíamos la misma fascinación por el horizonte, por los espacios infinitos, por la luz del crepúsculo.
Me acerqué a ti suavemente, intentando no asustarte.
Me fascinaron tus hombros, tus labios, tu sonrisa.
Susurraste a mí oído que eras aire…
Una brisa suave acarició mi piel, atravesando mi cuerpo.
Brisa de atardecer, de cuándo el verano se aleja y va entrando el otoño, refrescando mi alma, brisa trayendo el aroma a tierra mojada, erizándome la nuca.
Caminé a tu lado…
las hojas de los arces se movían en remolinos a tu paso.
Extendías los brazos y girabas entorno a ti misma, música en tu risa, provocabas un viento que mecía las espigas de trigo. Campos con olas de destellos dorados.
Bailaba tu alegría a mi alrededor. Hacías volar mi imaginación.
Contenía la respiración para atrapar la vida que emanaba de tu espíritu.
Me sentía grande y pequeño al mismo tiempo.
Descubría en ti el placer de enamorarme poco a poco de tantos matices, como la belleza de estar vivo alberga.
Podía sentirte, podía abrazarte, porque aún siendo aire no eres etérea.
Podía deslizar mis manos por tus piernas, podía entrar en ti y arquear tu cintura, podíamos dejarnos arrastrar por la pasión, porque eres aire y viento y huracán del trópico.
Animabas mi alma con tu espíritu inquieto, torbellino de juventud en el cuerpo de una mujer madura, y podía mirarte lleno de admiración y transmitirte la calma que precisas.
Tejimos conexiones con hilos rojos de seda…en el que todas las pequeñas cosas tenían sentido.
La vida son momentos me decías… y acumulábamos momentos.
Momentos alocados, momentos tiernos, momentos bellos, momentos profundos, momentos intensos, momentos, tantos momentos…
Ilusión en las llamadas, en los mensajes, en carreras alocadas hasta perder desde una avión o un metro. Siempre la elección incorrecta del camino a seguir, sin importar más que esa esencia del aquí y ahora y reírnos… con un: ya llegaremos.
Amor inmenso, en ese momento, en el que asomada a la ventana, en una ciudad desconocida, despuntaba el alba.
Cuanta fragilidad y fuerza en la escultura de tu espalda, los reflejos en tu pelo, bañada en luz y parándose el universo.
Y así como llegaste y estuviste, te vi marchar.
Vi como te alejabas y me sentí indefenso y torpe, el viento frío del Norte, el viento que eres, congeló mi corazón.
Viendo tu espalda por última vez, sentí que decías adiós sin decirlo.
No te giraste para mirarme por última vez, y tu canción de Pearl Jam sonaba en mi mente.
Rearviewmiror, sin mirar atrás, tan solo, si acaso por el retrovisor.
Eres aire y viento y huracán del trópico.
Torbellino de emociones intensas, que con un abrazo quise aquietar y calmar.
Más… quien puede retenerte? acepté de manera torpe que lo mismo que estabas dejarías de estar y quizá eso me hizo torpe.
Más nunca, nunca reste mi amor que es lo único que poseo.
Y me faltó tiempo.
Y aquí y ahora contemplando paisajes infinitos en mi cerebro, encerrado en mi refugio, encadenado por una plaga que asola el mundo, me encuentro sumido en la desolación de tu ausencia.
Y aun así, no puedo más que darte las gracias.
Gracias por los momentos vividos, porque de entre todas las cosas bellas que me han sucedido estás tú.
Has sido una fuerza, una pasión, un deseo, un amor inmenso.
Gracias por ser aire e insuflar en mis pulmones aliento de vida.
Gracias por tu amor. Por tu entrega y tu cariño.
Gracias por cuidarme y estar y ser un amor, y dejarme formar parte de tu vida.
Eres aire y viento y huracán del trópico.
Y sobre todo eres una mujer por la que siento una admiración profunda y un amor inmenso.