
Se encerró en la habitación después de dejarlo todo limpio y recogido.
Cogió la cinta americana y se dispuso a sellar todas las rendijas de luz que hubiera.
Primero el umbral de la puerta en todo su perímetro, los laterales, el dintel
y el hueco de debajo de la puerta. Después hizo lo mismo con la ventana. Una vez bajada la persiana se cercioró de que no hubiera un posible resquicio de luz. Cualquier ranura la selló.
Solo quería un punto de luz. Oradó con una máquina taladradora un agujero en la
persiana de un centímetro de ancho y allí en medio de la noche, se sentó en la cama en posición de Buda, con las piernas flexionadas esperando el momento, controlando la respiración.
Lo había calculado todo. En un momento determinado en aquella estancia de su vivienda que daba al Este, al amanecer, la luz se filtraría por el agujero y llegaría hasta su ojo izquierdo en perfecta alineación cósmica. Esperó recitando un mantra para dejar su mente en blanco hasta que llegara el momento.
Todos sus sentidos estarían activados cuando sucediera…
El planeta giró en su eje. El Sol asomó en el horizonte.
Ascendió a los cielos como un Dios todopoderoso para purificarle.
El rayo de luz entró por la habitación completamente a oscuras.
Imaginó la fusión en el núcleo del astro rey, la transmisión de energía sin materia.
Un rayo de luz cruzando el espacio hasta nuestro planeta, aproximadamente ocho minutos de viaje sideral, para acabar atravesando la troposfera accediendo a la atmósfera, llegando hasta él filtrándose por el agujero de la persiana e impactando en su pupila.
Imaginó ese impacto como una explosión arrasando por deflagración el iris de su ojo,expandiéndose en un tsunami de olas de fuego.
Un haz luminoso, un martillo redentor de potencia nuclear adentrándose en su cerebro.
Su cerebro… en otro tiempo fue un bosque húmedo y hermoso, de maleza enmarañada,intrigante, misterioso y profundo.
Pero ahora se había resecado convirtiéndose en un espacio de arboles y matorrales resecos.
Su pupila se convertía en una lupa que al ser atravesada por la Luz y con aquella materia tan flamígera provocaba un torrente de destrucción.
Viento y fuego,combinación perfecta. Viento de ideas confusas yendo y viniendo de aquí para allá incapaz de controlar. Fuego de delirios,de dolor,de sospecha y celos.
Imaginó ese bosque en su cabeza envuelto en vórtices de fuego, entorchando la vegetación, cada neurona, cada sinapsis de su memoria fundiéndose en filamentos que lanzan un sublime destello, para extinguirse definitivamente.
El fuego con llamas devoradoras, engullendo todo a su paso, su materia gris calcinada y en un ciclo vital acto seguido dar de comer al dios Cronos, que esperaba acechante para devorarle a él,a su hijo. Una victima propiciatoria en sacrificio eterno vencida por el desafecto.
La calcinación provocaría una niebla de cenizas elevándose al cielo que acabarían depositándose en el suelo, extendiendo un manto grisáceo sin nutrientes donde ya nada crecería.
No importaba. aquella desolación era necesaria,merecida.Justa.
Sentía paz solo de pensarlo. Acrisolar los recuerdos, su conducta, sus pecados,el desamor, los hechos.
Estiró las piernas entumecidas.Se tumbo en la cama. Sangre reseca manchando y acartonando las sabanas.
A su lado una mujer dormía.
El quería creerlo.
La abrazó tiernamente.
El fuego purifica.
Durmió de forma profunda con la mente vacía.
Solo un corazón latía.