En memoria de los amaneceres vividos.
Esta carta está dirigida a todos vosotros, mis amigos…
Los que lo fuisteis y ya no lo sois, los que seguís siéndolo, los que sois nuevos. Los que estaréis ahí por mucho que pase el tiempo o aquellos que dejaréis de serlo.
Nunca olvidéis que a pesar de las circunstancias, que pase el tiempo, o la distancia que nos separe, cuando me acuerdo de vosotros lo hago y lo haré sonriendo.
Sonrisa con la mirada prendida en el recuerdo, llena de amor y dulzura por todo lo que hemos vivido y sentido juntos.
En memoria de los amaneceres vividos, el alba fragmentando el alma, luces de farolas y aceras mojadas, de conversaciones absurdas o intensas aflorando sentimientos en despedidas eternas aunque nos fuéramos a ver en pocas horas, nuevos días de sabor intenso, tumbados en el césped, con una buena resaca.
En memoria de toda la música que hemos compartido, en viajes en coche a través de la noche, con un tema musical sonando a todo volumen vinculando el momento.
De conciertos intensos, emoción en el corazón por aquella canción que esperábamos tocaran y justo al sonar los primeros acordes nos abrazamos entusiasmados.
En memoria de la locura que nos placía dejar brotar sin pensar en las consecuencias.
De tormentas eléctricas contempladas desde verdes colinas colapsando el cielo madrileño viendo cómo se acercaban, gritando como locos a cada trueno.
De la búsqueda de fuegos fatuos en un noche gélida, saltando la verja del cementerio de la Almudena y salir corriendo delante de los perros ladrando y persiguiéndonos.
De los saltos arriesgados desde rocas en noches de verano cayendo a la charca verde en la pedriza y el olor a jara impregnando el ambiente.
En memoria de tantos momentos divertidos, de situaciones surrealistas, de risas tontas y alocadas, de vivir deslizándonos suavemente por la superficie de las cosas, de sumergirnos en el agua, y bucear en busca de un todo en la nada profunda.
En memoria de historias contadas o los silencios acumulados a la luz de una hoguera,
de las palabras dichas, de las malinterpretadas, de las verdades como puños, de aquellas que nos arrepentimos al momento de haberlas dicho, de las que nunca dijimos, algunas que quedaron suspendidas en el tiempo, y otras que no hacía falta expresarlas por qué ya las comprendíamos.
De noticias y secretos revelados, algunos que ya sabía y otros que me pillaron por sorpresa.
En memoria del amor que me mostrasteis al abrazarme, al entender mi espíritu salvaje, mis miradas encendidas, mis miradas risueñas, mis miradas perdidas, por dejarme mi espacio caminando solo cien metros por delante de vosotros entre bosques y niebla,
Por contribuir a ser quien soy en estos momentos, por vuestros consejos y paciente escucha.
Por todos esos momentos, en que creí que me rompía y sujetasteis los trozos de mi alma convulsa.
Y bien sabéis los que más me conocéis que hay muchas frases que digo, que forman parte de mi ser, que encierran una verdad intrínseca de mí mismo, y se resumen en que es muy difícil ser yo aunque lo intento.
En mis sienes…
grabada está “Memento Mori” para recordarme que “no soy más que el polvo donde un día descansarán mis huesos”, y hasta que eso suceda, mientras que mis músculos y huesos me sostengan, si vosotros queréis, estaré ahí para sosteneros si desfallecéis, os agarraré con fuerza, os abrazaréis a mi cuello, y sostendré vuestro peso.
Y la carga será liviana porque os quiero.
En mi estomago…
grabada está la frase “Camino por la cuerda floja en el abismo”, a un lado el mar de fuego y al otro el mar de hielo, y sigo adelante, paso a paso, sujetando la pértiga que me permite guardar el equilibrio; vosotros mis amigos.
En mis manos…
cuándo digo la sentencia como un estigma, “me siento cómo una gota de lluvia descendiendo a un desierto y aún así me siento infinito”, pecado capital de vanidad, querer trascender, dejar un legado de mí con lo que escribo, mis palabras, clavos traspasando el tiempo como si fuera un artista desde la mediocridad.
Y desde ese afán de hacedor de palabras hilvanadas, sangrando sentimientos desde mi corazón quiero llegar a los vuestros, y que sintáis que os comprendo.
En mi ojos…
Proyectando la imagen de que “soy un mago”, porque puedo traspasar con mis ojos lo que sentís, porque en mi imaginación necesito viajar a lugares que existen en otros planos, porque habito en bosques oscuros, y siento la inspiración de que expiraré en un último aliento, mirando un cielo azul con nubes incendiadas, en una estepa desierta y nada a mi alrededor, solo el vacío..
Y la agradable sensación de haberos tenido como mis amigos.
Puede que marche a otro lugar, puede que acabe para vosotros siendo tan solo un recuerdo, puede que os falle, siento haberos decepcionado, puede que veáis pavesas al cielo.
Puede que me extinga de tanto pensar, puede que no pueda, o puede que haya un poder que me arrastre adonde nunca debería haber llegado. O puede que sea más fuerte y más grande de lo nunca me había imaginado.
Por eso quiero dedicaros estas palabras.
Y no hay tristeza en ellas , y esto no es una despedida, es el principio de una declaración de principios, porque todo es cambiante, todo es efímero, y sin embargo la amistad cuando es de verdad, cuando realmente se ha vivido, moldea nuestra existencia y nos enseña el camino.
Avanzar en vuestras vidas sintiendo, abrazando a quien os quiere, domando vuestros demonios, gritad vuestros nombres secretos, fluyendo hacia adelante, dedicad sonrisas, reíros a carcajadas, llorar cuando haga falta. Que la locura no os demande un precio demasiado alto, más no dejéis de ser locos con sentido.
En memoria de los amaneceres vividos, si lleváis a mi lado mucho o poco tiempo, nunca olvidéis que a pesar de las circunstancias, el transcurrir de los años, o la distancia que nos separe, cuando me acuerdo de vosotros lo hago y lo haré sonriendo.
Sonrisa con la mirada prendida en el recuerdo, llena de amor y dulzura por todo lo que hemos vivido y sentido juntos.
Seguiremos viviéndolo.